Perú, dos tareas planteadas

Presentamos dos textos sobre Perú, un país un poco olvidados para en los brasileños y que pasan un poco des apercebidos en la prensa nacional. El hecho es que el pueblo peruano, que sin dudas es un de los más luchadores, se libran dos batallas muy importantes para los militantes de nuestro continente.

De una parte, Perú ha sido un exemple en la lucha contra el extrativismo que se practica no solo en los Andes pero también en la Amazonía y grande parte de nuestros paises.Conga no va fue una movilización emblemática de más de tres años, que dejo muchos muertos pero que impidió la instalación de la explotação de esas tierras por a coorporação yankee. Ahora y Tía Maria en la zona de Arequipa donde está la resistencia. Un paro de seis departamentos del sur de Perú está en preparación.

Pero además hay una batalla política en curso para construir una noticia alternativa política frente al débâcle del gobierno Humala y la posible capitalización por la derecha o los restos del fujymorismo. En ambas tareas están muy envueltos los compañeros peruanos que se identificaban en la Lucha Continúa y hoy hace parte del nuevo movimiento político por la gran trasformación.

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TÍA MARÍA, van cuatro víctimas mortales
Los violentistas están en el Gobierno

Juan Manuel Benites, Ministro de Agricultura, encargado por el presidente Humala de liderar el tema de Tía María -según sus propias palabras- se despachó a su regalado gusto en la entrevista dominical del diario El Comercio.

Este oscuro y casi incognito personaje, creyó sin duda que al amparo del Estado de Emergencia decretado sobre la provincia de Islay, tenía cancha libre para sacar el machete y cortar las cabezas que quisiera. Pronto se dará cuenta que en política no bastan los deseos, hace falta tomar conciencia de la relación de fuerza cuando hay bandos enfrentados, que es lo que sucede en el Valle del Tambo, donde la población resiste con fiereza la pretensión del gobierno de hacer viable el proyecto Tía María de la empresa Southern .

Podrá el gobierno llenar sus campos de policías y militares, podrá poner en acción a sus servicios de inteligencia para intentar descabezar la protesta, pero no logrará doblegar la oposición masiva de los agricultores y pobladores de sus 6 distritos (*). Al igual que en Cajamarca, también en Islay la experiencia de vida es más concluyente que cualquier discurso, mesa de dialogo, o EIA. El pasivo medioambiental que deja la empresa Southern Copper en toda la macro región sur es escalofriante: contaminación de tierras, aire y mar que afectan a la agricultura, los ecosistemas y la vida misma sin revertir en desarrollo económico y social en la región.

Por eso, digan lo que digan respecto a las bondades y beneficios de la inversión minera, la gente no les cree. No hay un solo caso que puedan exhibir como muestra de lo que dicen. Muy por el contrario, la regla parece ser, a más minería más pobreza. Este es un hecho de la realidad que explica el rechazo generalizado del pueblo al proyecto Tía María.

La tesis central del Ministro que encabeza la solución del conflicto es que hay “un grupo violentista que tiene el control”, razón por la cual hace falta “sacarlos del juego”. Gravísima denuncia del Ministro, que 60 días después de iniciado el conflicto no atina a mencionar nombre alguno y deja la puerta abierta para cualquier medida extrema contra los dirigentes de la resistencia popular.

Jugando en pared con su Ministro -luego del papelón donde cede la banda presidencial al gerente de Southern- Humala anuncia que su gobierno quiere el dialogo, pero claro con la policía y las FF.AA. ocupando Islay. Así no es posible dialogo alguno. Los manifestantes por su parte quieren la cancelación del proyecto Tía María.

Dice Humala que no quiere imponer el proyecto, que lo fundamental es el dialogo, que van a hacer todo lo que haga falta para convencer de las bondades del proyecto. O sea, el presidente se ha puesto Tía María al hombro y le pone punche. Igual que cuando dijo CONGA VA, Humala se la juega por la empresa.

Pero debería reparar en que se viene el paro regional del 27-28 de mayo, que hay numerosos conflictos sociales en curso y hasta una convocatoria a un paro nacional de las centrales sindicales para el 9 de julio. ¿Qué fichas jugará el gobierno? Según la lógica de su comportamiento empírico, reñido con el análisis, acentuará aún más la represión que ya lleva cobrada 4 víctimas mortales. Ese es el sentido del Estado de Emergencia, que según el facho Cardenal Juan Luis Cipriani debió haberse declarado hace tiempo. Nada de dialogo, esa es “una cojudez”, lo que hace falta es mano dura para hacer respetar el Estado de derecho. ¿Qué Estado de derecho? Aquel que permite que las transnacionales se salgan con la suya, que remata el interés nacional al mejor postor mientras la corrupción y la inseguridad se vuelven endémicas.

Bastaría que el gobierno suspenda indefinidamente el proyecto y lo someta a consulta popular en toda la zona afectada. En democracia el pueblo es el que manda. Pero claro, es mucho pedir a un Presidente que usa la democracia de manera funcional a sus intereses, o sea solo cuando le es útil. Por lo tanto, una vez más será el pueblo el que tenga la última palabra.

Tito Prado
MPGT – Frente Patriótico
CONSTRUYENDO EL FRENTE AMPLIO

• (*) El Decreto Supremo 040 – 2015 PCM que declara el Estado de Emergencia en la provincia de Islay consigna erróneamente 9 distritos en lugar de los 6 que tiene (Mollendo, Deán Valdivia, Islay, Cocachacra, Punta de Bombón y Mejía) lo cual pone en evidencia un desconocimiento absoluto de la realidad. Un botón de muestra de cómo se gobierna en Palacio.

UNIDAD CON QUIÉN Y PARA QUÉ

Mucho se escribe sobre la división de la izquierda pensando que unida nos salvará del holocausto. Ello parte de un supuesto falso porque la izquierda en el Perú está débil no fuerte, basta ver el drama de las inscripciones. La izquierda esta reducida, marginalizada, electoralmente no supera la valla en modo alguno. La unidad en sí misma no cambia esa situación.

Entonces empecemos por reconocer la realidad. Los deseos y buenas intenciones pueden parecer ingenuidad pero en política se traducen en acciones. Pretender la unidad de toda la izquierda es un deseo bien intencionado pero ignora que la izquierda está dividida en dos proyectos distintos no solo para Perú sino para toda América Latina.

De un lado, los que toman como referencia el modelo Lula, el social liberalismo post moderno (socialista de palabra, liberal en los hechos), cuya máxima ambición es humanizar el neoliberalismo, ponerle reglas pero sobre la base que no queda otra cosa que convivir con él. Del otro los que confrontan el modelo, proponen algo distinto y hacen de la integración latinoamericana una bandera. Los que aún con críticas, se ponen del lado de Venezuela, Ecuador y Bolivia y sus intentos de abrir un camino de independencia y soberanía.

Son dos caminos diferentes aunque responden al mismo proceso de debilitamiento de la hegemonía norteamericana. Humala estuvo inicialmente con Venezuela, luego se alineó con Brasil y finalmente se disciplinó en toda la línea a EE.UU. Conforma el ala más de derecha del continente en la Alianza del Pacífico, al punto que acaba de autorizar el ingreso de tropas USA en suelo peruano justamente luego de que Obama decretase que Venezuela representa una amenaza para su país.

En toda esa transformación la izquierda peruana post moderna calló en 7 idiomas, justificando su silencio con la ilusión que ya vendría el esperado giro a la izquierda. Así desarmó por tres años a un gran contingente nacionalista que buscaba oponer resistencia. Luego de tanto palo y ya en el tramo final de su mandato, esa izquierda, apartada e ignorada, recién se anima a levantar cabeza buscando –como siempre- nuevos aliados en la derecha, como cuando pactó con PP para intentar sostener a la alcaldesa Villarán en su intento por la reelección.

Esa izquierda acomodaticia está pagando sus desaciertos tácticos y estratégicos de los últimos 25 años. No es un problema generacional. No se arregla jubilando a los viejos. Eso es solo una parte del problema. El problema mayor es que esa izquierda optó por convivir con la derecha. Aún ahora siguen en esa línea. Basta leer a Nicolás Lynch sobre la necesidad de un pacto con la derecha (“El Estado soy yo”) para saber hacia dónde apuntan. Ellos son corresponsables del giro de Humala, le brindaron la Hoja de Ruta con la cual pactó con Toledo y Vargas Llosa abandonando el Programa de la Gran Transformación.

Y sin embargo hay otra izquierda, comprometida con las luchas populares, especialmente con las luchas ambientalistas pues estas se han convertido en un eje de movilización. Hay muchos otros sectores que sin reclamarse de izquierda hacen frente a las embestidas del gobierno y sus aliados. Por eso, a pesar de la debilidad de la izquierda es posible un gran cambio. Son millones de peruanos, artos de los partidos tradicionales, que quieren algo distinto, un cambio de verdad.

Se necesita un programa que retome las banderas fundamentales del Programa de la Gran Transformación. Debemos unirnos, en torno a ese programa. No a Conga. No a Tía María. Defensa del agua y la agricultura. No al modelo primario exportador. Otro modelo económico que priorice el agro y la industria. Soberanía plena sobre nuestros recursos energéticos y naturales. Defensa del medio ambiente, la naturaleza y el territorio de los pueblos originarios. Consulta previa vinculante. Nueva constitución, vía una Asamblea Constituyente que devuelva al pueblo el derecho soberano sobre su destino.

EL PROGRAMA BASTARÁ PARA SEPARAR EL TRIGO DE LA PAJA

Tenemos que unirnos en primer término los que estuvimos en Cajamarca luchando contra CONGA y derrotamos a Yanacocha y al gobierno en dos oportunidades, en las calles y en las ánforas. Tenemos que unirnos los que luchamos junto a Tía María. Debemos unirnos con los jóvenes que enfrentaron la ley pulpín, con los que luchan contra la discriminación de todo tipo, con los que enfrentaron la repartija y se movilizan permanentemente contra cada nuevo abuso.
Esa unidad es una apuesta al futuro, no solo pensando en el 2016 sino en una perspectiva más estratégica pues no basta llegar al gobierno, hace falta construir un gran partido que fiscalice, controle y contrapese el ejercicio del poder. Hace falta organizar y movilizar al pueblo para hacer frente a la derecha.

Debemos enfrentar no solo al Apra y el fujimorismo sino a todos los neoliberales sea cual sea el ropaje que usen. Reducir la contienda al Apra y al fujimorismo es el principio de una nueva capitulación. Esa postura lleva a un pacto con sectores de la derecha y en concreto con el ollantismo. Como dice Hildebrandt, el ollantismo no es diferente, es peor. Y tiene toda la razón.

Tito Prado, MPGT – Frente Patriótico (25-05-2015)
CONSTRUYENDO EL FRENTE AMPLIO

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