Donde está la izquierda peruana?

Tito Prado, 10/12/2013

Con esta pregunta, el columnista del diario La República Antonio Zapata empieza un
análisis de la derrota de Tierra y Dignidad en las reciente elecciones municipales en
Lima. Su artículo esboza las causas y termina proponiendo una política de acción para
revertir ese resultado. La línea es hacer un “llamamiento a una coalición amplia, de la
izquierda al centro”.
Para que no quede dudas sobre lo que llama “centro” en su artículo insiste
reiteradamente en colocar al Partido Humanista de Jehude Simons en tal definición.
No se trata de mirar el pasado argumenta Zapata, sino de mirar hacia adelante.
El mensaje es claro. La izquierda, agrupada en el Frente Amplio se entiende, debe ir a
la búsqueda del centro. Se habla del Partido Humanista, pero también de Acción
Popular, Solidaridad Nacional y hasta de Perú Posible.
Encumbrados dirigentes del FA como Salomón Lerner, han declarado en el mismo
sentido: hay que ir al centro. No es casual que al mismo tiempo que se abren a nuevos
entendimientos con sectores de la derecha neoliberal seudo democrática, marcan
distancian de Gregorio Santos y el MAS. La explicación es simple. Para ser aceptados
por el club de neoliberales definidos como “centro” hay que apartar a los “radicales
anti mineros”. Por eso no extraño que al acto de desagravio a Goyo convocado por el
MAS para responder a los ataques del gobierno no haya asistido uno solo de los
partidos o dirigentes del Frente Amplio.
¿De que “unidad” hablan entonces? Por supuesto no es la unidad del pueblo y sus
organizaciones lo que les interesa a la cúpula del FA sino la unidad con quienes les
puedan prestar algunos votos para asegurar sus puestos en el próximo Congreso.
Porque de eso se trata, de ganar algunas curules, nada más, ya que hace tiempo esa
izquierda abandonó la lucha por el poder. Por eso elaboraron la “hoja de ruta” con la
que Ollanta Humala se entregó a la derecha.
Ese giro que sugiere Zapata no es nuevo como se ve, ya ha sido aplicado antes de la
segunda vuelta por el propio Ollanta con el auspicio de “Ciudadanos por el cambio” la
corriente de Salomón Lerner, ex premier de Ollanta Humala y ahora hombre fuerte del
Frente Amplio.
Es más, no ha sido necesario esperar a Fabre, ya en julio, cuando la protesta social
contra la repartija puso al gobierno contra las cuerdas, el Frente Amplio se prestó al
diálogo auspiciado por el premier Jiménez y cuyo único efecto práctico fue sacar al
gobierno del fuego. Ahora no solo siguen en el dialogo versión II con el nuevo premier
que tiene tanto peso como el de una mosca, sino que se han sumado a la Unidad
Nacional que propicia el gobierno en torno al reclamo de delimitación marítima con
Chile que se ventila en La Haya.
No importa que el gobierno en este tema haya seguido la misma política de “cuerdas
separadas” del ex presidente García para justificar la apertura sin fronteras de nuestra
economía a los capitales chilenos mientras se ventila la controversia de límites. Pronto
se olvidó Ollanta de la propuesta nacionalista de defender nuestra soberanía
económica del expansionismo chileno y de revisar el TLC con Chile que suscribió el
gobierno del APRA sin que se haya discutido en el Congreso como corresponde por ser
un tratado entre estados.
El gobierno de Humala es incapaz de asumir una postura digna y soberana ante el
estado chileno. Con su prédica optimista ha dejado de tomar medidas de cautela y ha
seguido animando una actitud de “aquí no pasa nada”. De ahí que los empresarios de
la CONFIEP reunidos en Santiago con sus pares, no tuvieron rubor alguno en declarar
que el gas del sur peruano debía ser vendido a Chile.
Así estamos, y en ese escenario el rol del Frente Amplio no puede ser más pérfido pues
en nombre de la izquierda y de la gran transformación consuman una nueva
capitulación de dimensiones históricas. Hablar de su postura de apoyo al proyecto de
Ley universitaria impulsada por el congresista Mora de Perú posible, solo es agregar
más de lo mismo. El Frente Amplio está jugado a sostener y apoyar al gobierno aún
contra los intereses del país del país y de las grandes mayorías.
La última jugada es asustar con el golpe que estaría tramando el aprismo cuando el
escándalo de López Meneses pone en evidencia que el único interesado en una salida
de esa naturaleza es el propio gobierno.
Así pues tenemos que esa izquierda por la que llora Zapata, hace tiempo que
abandonó su lugar junto al pueblo para pasar a convertirse en la izquierda que
necesita la derecha.

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