Los EEUU despiertan

Pedro Fuentes

Varias noticias indican que el gigante imperial (que ya no es tan gigante), se sacude gracias a que el pueblo despierta. Tal vez no tenga la magnitud del despertar brasilero de junio, pero es muy alentador. Es posible que nosotros, los revolucionarios  latinoamericanos, (también los del conjunto del mundo) miremos poco lo que pasa en los EEUU influenciados por el “satus quo” de una situación interna que por un largo período tuvo ese país. Hemos estado (correctamente) más pendientes de la revolución árabe y Europa, donde se situaron los epicentros. Pero es bueno recordar que Trotsky, que fue de los grandes él que más pudo seguir de cerca la situación de los EEUU en los años 30, decía que en ese país era quien más concentraba todas las contradicciones del mundo. Y ahora, con una crisis de la magnitud de la crisis económica de los 30, con otros elementos nuevos que hacen que estemos en un nuevo período histórico ese concepto tiene vigencia.

Podríamos decir que hay tres procesos que están marcando al país; ninguno de ellos es favorable a las clases dominantes. Por una parte la situación económica. Fue en los EEUU en donde en el 2007 estalló la crisis financiera que se transformó en una crisis económica global de la economía. Parece que ahora hay una leve recuperación económica pero está en el marco de la crisis mundial larga que tiene ahora epicentro en Europa. En los EEUU esta crisis ya ha dejado huellas profundas; las pérdidas de vivienda, el aumento de la desigualdad salarial y la pobreza en las capas más necesitadas, un gran endeudamiento de las cuentas públicas y en la población.

Los reveses en la política exterior de Obama

Por otra parte está la crisis política con sus dos caras. En el terreno internacional no logra recuperarse y revertir la tendencia al debilitamiento creciente de su hegemonía.  Ya se puso de manifiesto en las derrotas políticas de Irak y  Afganistán, a lo que ahora se suma su situación en Medio Oriente, la zona más conflictiva del mundo y que desde el gobierno Bush es un blanco de su cruzada contra el terror, (léase Al Queda, Irak).  Desde la primavera árabe su política viene trastabillando, provocándole roces con su aliado estratégico sionista, especialmente por la inestabilidad creada en su otra pieza fundamental en la zona que es Egipto.

Es entonces un hecho de que con las revoluciones árabes perdió todo poder de iniciativa en la zona y esto fue corroborado y se puso al rojo vivo ahora en Siria. En ese país luego de reiteradas amenazas de intervención mediante bombardeos en ese país terminó aceptando el plan de Putin lo que ha fortalecido la política rusa en esa área. Esta situación lo debilita también para enfrentar el problema estratégico mundial mas importante la influencia creciente de China sobre el Asia.  Y súmese a ello la nueva crisis desatada por las escuchas y el espionaje que desde hace años realizan hasta con sus propios aliados y que conlleva una pérdida general de credibilidad y una desconfianza hasta con Francia y Alemania.

Un régimen político a la italiana?

La otra cara de la crisis política está en el creciente deterioro de la relación entre republicanos y demócratas que dio hasta ahora estabilidad al régimen político de los EEUU. La expresión más aguda de esos resquebrajamientos entre ambos partidos son expresión de los cambios en el estado de ánimo de las clases, la polarización a derecha con el Tea Party, y la decepción del pueblo por la izquierda con Obama. Una expresión de esa situación fue el hecho de que los EEUU estuvieron cerca a un default de su deuda y con ello a la parálisis del país,  por la negativa de los republicanos a aprobar un límite mayor del permiso a endeudamiento.

Como en su momento comentó un columnista del New York Times, “el sistema político de Washington, ya no funciona como antes, ahora funciona a la italiana”. Lo concreto es que la crisis económica y política se han retroalimentado mutuamente lo que muestran que, con el impasse en la Cámara de los Representantes sobre la deuda no fue un episodio coyuntural sino un nuevo capítulo de los elementos de crisis en el régimen político de los EEUU.

Republicanos y demócratas responden a los grandes poderes económicos que dominan los EEUU. Ha habido contradicciones y diferencias entre los dos partidos pero nunca se había llegado a la situación que se está creando ahora en la cual la fracción republicana denominada Tea Party haya ejercido tremendo poder político para producir la crisis que se vivió con la aprobación de la deuda en los EEUU. En su momento escribimos que “no se trataba de una insensatez, una locura de un grupo fundamentalista desclasado y de ultra derecha que por su propia cuenta emprendió una cruzada contra el plan de salud de Obama. Detrás de esos movimientos hay profundas razones de clase de sectores burgueses y una creciente polarización social y clasista  de la sociedad”. (Alternativa Socialista).

Las tensiones sociales están llevando también a una crisis de representación en el Partido Demócrata. Vale la pena transcribir un comentario del New York Times hablando sobre  el posible enfrentamiento en las previas del partido entre Hillary Clinton y Elizabeth Warren, dirigente de la izquierda demócrata que planea postularse y que ha estado ligada a Nader y los Verdes.

“Para los demócratas el futuro ofrece la perspectiva de nuevas y potencialmente más divisivos conflictos en la lucha por mantener unida la fragil coalición liberal.  El Partido Demócrata tiene dos niveles . Por un lado, existe una élite de activistas bien educados y relativamente ricos que dominan la agenda, escriben  gran parte de la plataforma y deciden las cuestiones de selección de los candidatos presidenciales. En otro nivel, hay un segmento mucho más amplio del electorado que depende de los programas de gobierno que están mal organizados para obligar a los poderosos a prestar atención a sus prioridades. Si, como ahora parece ser una posibilidad, la lucha en 2016 por la nominación demócrata enfrenta a Hillary Clinton contra Elizabeth Warren, lo que ahora está oculto y sumergido se verá el centro del escenario. Clinton y Warren representan esas  alas contrarias.  En Nueva República Noam Scheiber describió recientemente estas fuerzas que compiten en su artículo de portada, “La pesadilla de Hillary?  Un partido democrático que realiza su  sueño recae en Elizabeth Warren “: “Por un lado está la mayoría de los votantes demócratas, que están  enojados , más descontentos, y más populistas de lo que han estado en años. Son más sensibles a la desigualdad de ingresos que antes de la presidencia de Obama y dan más apoyo de la Seguridad Social y Medicare. Ha crecido el  cariño a la regulación y son  más escéptico de los grandes negocios. Una reciente encuesta de Pew mostró que los votantes menores de 30 años – quien sesgo abrumadoramente demócrata – ven  el socialismo de manera más favorable que el capitalismo. Por encima de todo, los demócratas son cada vez más hostil a Wall Street y creen que el gobierno los debe frenar”. Y luego de esta cita sigue el periodista de New York Times diciendo: por el otro lado o sea de las élites demócratas  que están asociadas a la era Clinton, a pesar de que pueden haberse movido un poco hacia la izquierda en respuesta a la recesión, creen que la economía funciona mejor con un gran sector financiero. Muchos miembros de este grupo han hecho enormes cantidades de dinero en Wall Street “.

En un artículo más completo sobre EEUU habría que hablar del sistema de escuchas y espionaje de la administración americana a través de la ASN. Del enorme poder colaboración de los grandes de la informática (Google, Microsoft, Facebook..) y de los peligros que significan. Pero, al mismo tiempo, del inmenso papel jugado por Snowden, Assange, que hicieron posible descubrir y hacer conocer ese poderoso esquema mostrando también un enorme sentimiento de lucha democrática que enfrenta al sistema.

La posibilidad de ruptura del bipartidismo y nuevas alternativas

Hace unas semanas escribimos un artículo sobre los EEUU en el que comentábamos que si bien la crisis de los de arriba era muy fuerte y no se resolvía, era difícil apostar (a corto o mediano plazo) a la creación de una alternativa independiente de los trabajadores y el pueblo pobre americano. La verdad es que, a pesar de las dificultades, se están juntando elementos para pensar que no va a ser así.

Una noticia muy alentadora es que la candidata de Socialist Alternative a concejal en Seatle, una de las ciudades más avanzadas desde el punto de vista de la producción en el país del norte (que alberga entre otras a Boeing, Amazon, Microsoft), ha ganado la elección en una disputa voto a voto con el candidato demócrata. Kashama Sawant es militante de Socialist Alternative una organización trotskista vinculada a la organización internacional trotskista  CIO, (Comité por una Internacional de los Trabajadores). Otro candidato de Socialist Alternative en las municipales de Mineápolis, Ty Moore, tuvo un importante resultado. Estos éxitos están ligados a los perfiles de estos candidatos. Moore es miembro del “Occupy Minneapolis” movimiento por la moratoria de las ejecuciones hipotecarias y la prohibición de la policía a los desalojos. Según explica el periódico “Socialist Workers”, de International Socialist Organization,  la campaña de Sawant estuvo asociada a la lucha por un salario minimo de 15 dólares la hora. La repercusión fue tal que el alcalde de la ciudad dijo en un reportaje que firmaría un salario de 15 dólares.

Estos hechos indican que el espíritu de Ocuppy Wal Street no ha muerto.  Estos resultados son parte del proceso de movimiento de las clases que está ocurriendo, parecen como puntos más avanzados de un proceso más global de descontento con la situación social de los trabajadores y el pueblo. El aplastante triunfo el candidato demócrata a alcalde de New York Bill de Blasio, que termino con 20 años de gobiernos republicanos, fue conseguido con una campaña contra los ricos, entre otras cosas planteó las guardarías gratis con un impuesto a Wall Street.

Existe una reacción clasista contra los ricos y poderosos dueños de los EEUU. Parecería que  la  relativa mejora de la economía lograda gracias a la precarización de los trabajadores y el corte de servicios actúa como un acicate. Ayuda a que se pierda el temor a la pérdida del trabajo y hace que los trabajadores quieran tener sus beneficios de la recuperación. El pueblo de EEUU está cambiando, el viejo bipartidismo abre fisuras (a derecha e izquierda) y  aparece un nuevo horizonte futuro y en él la posibilidad de que surja una alternativa política independiente de estos partidos de las clases dominantes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *