Sobre el 15 de Marzo

por Luciana Genro (*)

Hoy Brasil tuvo mucha gente en las calles. Por Brasil entero, centenas de millares hablaron, se expresaron. Eso en sí mismo exige una reflexión sobre lo que ocurre. Es preciso escuchar, y a partir de ahí juzgar y posicionarse. En São Paulo la Policía Militar (comandada por Alckmin, gobernador de dicho estado por el PSDB) estimó un millón (número alardeado por la Globo por horas), lo que sería una gran sorpresa para todos, y Data Folha estimó 210 mil, un número más razonable y dentro de las previsiones.

Es claro que todavía tendremos que medir lo que ocurrió hoy. Lo que queda a la vista es que la situación exige un cambio profundo. Pero no todo lo que las calles hablan sugiere un buen camino. Las banderas en favor del golpe son un síntoma claro de que, incluso millares hayan tomado las calles, no se abrió un camino nuevo y progresista. No tengo dudas de que la mayoría de los que estaban en los actos no quieren una salida fascista y tampoco quieren ser controlados por aparatos burocráticos. Por eso el diputado reaccionario Bolsonaro y Paulinho burócrata de Força Sindical fueron impedidos de hablar. Las personas quieren cambios, pero para que la derecha no gane en la inercia es preciso avanzar en un programa. La cuestión es qué cambios son necesarios y quiénes son los agentes de estos cambios.

Lo que vimos por Brasil fueron actos contra el gobierno Dilma y contra el PT que expresaron una indignación general contra la corrupción y la carestía. Sin embargo, al no tener una ideología crítica, anticapitalista, lo que predominó fue la ideología de la clase dominante, y en el paraguas de esta ideología las posiciones de derecha y de extrema derecha también se expresaron.

Es en esta situación que los grandes medios de comunicación actúan, instrumentalizando y direccionando. En junio de 2013 la Red Globo fue cuestionada en las calles por ser claramente identificada con la manipulación ideológica. Y es, de hecho, el gran partido de la clase dominante brasilera. En este 15 de marzo la Red Globo estimuló, promovió la salida a las calles. Este es uno de los motivos por los cuales los actos de hoy, más allá de fuertes, son un simulacro de lo que fue junio de 2013. No podemos ser ingenuos cuando la Red Globo estimula un movimiento. Quieren sangrar el gobierno y liquidar cualquier idea de izquierda, usando el PT para poner una seña de igual entre izquierda y PT, y de esta forma derrotar los proyectos igualitarios de la izquierda socialista.

Cuando las calles comienzan a tener más peso que el Parlamento puede ser la señal de un cambio positivo. No obstante, decenas de millares en las calles no basta. Es preciso un programa. Y en este momento las calles no están indicando un camino. Y si la opción equivocada fue elegida, al contrario de progresar y superar la crisis, podremos retroceder y permitir que los grandes empresarios, bancos, mega-constructoras  y corporaciones mediáticas hagan valer su agenda de defensa de los privilegios y de una sociedad aún más desigual.

Los grupos que en la manifestación defendían abiertamente la intervención militar rebelaron el sentido profundo de una de las tendencias que este movimiento puede promover si no se interpone la discusión del programa y si gana fuerza la idea de que tenemos una salida fácil para un problema que en realidad es difícil. Y la salida no es fácil justamente porque ella exige enfrentar a las clases dominantes.

El PT traicionó los intereses históricos de la clase trabajadora y fue muy útil a la clase dominante, controlando las huelgas y protestos y siendo el agente e aplicación de los intereses económicos de la burguesía, dejando migajas para el pueblo. Pero junio de 2013 mostró que el PT ya no tiene más esta utilidad y la crisis económica exige un ajuste brutal contra los trabajadores y la clase media. Es natural, por lo tanto, que la burguesía prefiera gobernar a través de su hijo legítimo, el PSDB. Pero sería caer en impresiones falsas pensar que la burguesía abandonó totalmente el PT. Basta reflexionar sobre el hecho de que el PSDB defiende la misma política económica que Dilma está aplicando y está envuelto en los mismos escándalos de corrupción para percibir que ellos no quieren el impeachment. Como ya dijo Fernando Henrique Cardoso y Aloísio Nunes, ellos quieren sangrar, rendir totalmente el gobierno para garantizar que el ajuste de Levy sea debidamente aplicado y los intereses del gran capital preservados en este momento de crisis económica.

Por eso es preciso comprender que las calles por sí solas no garantizan la soberanía popular. Es preciso decir cuales intereses fortalecen. Y cuales puntos de programa influencian.

Las propuestas del PSOL para superar la crisis parten de la necesidad de combatir la corrupción, apoyando las investigaciones de la Operación Lava Jato (lavadora a chorro) y defendiendo la punición para todos los corruptos, sean del partido que sean. También es fundamental terminar cualquier posibilidad de que los políticos escondan su evolución patrimonial. Precisamos de una nueva legislación en la cual los políticos no tengan más derecho a sigilo bancario y fiscal. Igualmente, la lista de los evasores del HSBC debe ser revelada y los recursos rescatados.

Pero la lucha contra la corrupción no es suficiente. En la economía es preciso impedir que sean los trabajadores y las clases medias los que pagan la crisis. Basta de ajuste salarial y de despedir trabajadores para garantizar el lucro. Basta de cortar recursos de educación y salud y mantener el pagamento de los intereses de la deuda pública a los bancos y grandes especuladores. Basta de exprimir al trabajador y a la clase media con impuestos y no cobrar el Impuesto sobre las Grandes Fortunas y mantener los privilegios fiscales de los bancos. Es preciso hacer el ajuste en las espaldas de los millonarios y promover el control público de las corporaciones privadas.

Hay una crisis de legitimidad general. Claro que es mejor un canal electoral que continuar como está. Pero nuevas elecciones simplemente no resuelven. Necesitaríamos reorganizar todo el país, a través de una constituyente democrática. Impeachment para entregar el gobierno a Michel Temer o Renan es inaceptable, sería un desastre total. Y para que las elecciones representen de hecho un cambio tendrían que ser realizadas bajo nuevas reglas, sin el dinero de las mega-constructoras y grandes corporaciones y sin las desigualdades abismales en la disputa.

El bloque del PSOL en el Parlamento ha sido actuante y combativo en la lucha contra la corrupción y las medidas de ajuste contra el pueblo. El PSOL tiene propuestas. Nosotros las presentamos en la campaña electoral y las vamos a seguir presentando y luchando por ellas. Además, nuestro papel, como un partido de oposición de izquierda, es ayudar a construir una alternativa que no sea el mantenimiento de lo que está, pero que tampoco coloque agua en el molino del PSDB, o más absurdo aún, de una intervención militar.

Esta alternativa solo puede ser construida a partir de una agenda de lucha contra el ajuste de Dilma/Levy,  construida por la clase trabajadora y por la juventud, en los locales de trabajo, en las escuelas, en las universidades, luchando por democracia real y construyendo un programa anti-capitalista. El ejemplo de la huelga de los estatales de Paraná, de los garis de Rio de Janeiro, de los camioneros y tantas otras, es fundamental pues éste es el método de lucha y el método de construir una oposición de izquierda. Estas luchas van a seguir. Es de esta forma que las calles precisan hablar.

(*) Luciana Genro es presidenta de la Fundación Lauro Campos y candidata a la presidencia por el PSOL en las últimas elecciones nacionales.  15/03/2015

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