Charlie Hebdo: Contra el atentado terrorista y la opresión imperialista

chLas consecuencias del atentado contra la revista Charlie Hebdo en París y de la toma de un almacén judío en un suburbio, ambos cometidos por fanáticos islamistas y que merecen nuestra más profunda condena, fueron inmediatas:
· En toda Francia hubo decenas de ataques -inclusive con granadas, explosivos y tiroteos- y amenazas contra mezquitas y ciudadanos musulmanes e inmigrantes, en un rebrote de islamo-fobia y xenofobia derechista.
· El gobierno «socialista» que lidera Hollande dictó el alerta máxima policial y de las fuerzas de seguridad: endurecimiento del control de personas y fronteras, mayor participación de las fuerzas armadas en la vigilancia, prohibición de estacionar cerca de escuelas y activación de células de crisis en reparticiones públicas.
· Se reanudó la aplicación de la llamada ley «antiterrorista» de 2004. En sólo dos días, los tribunales dictaron más de 40 condenas de hasta cuatro años de prisión efectiva, sobre todo contra personas de origen árabe.
· El Senado y la Asamblea de diputados aprobaron por amplia mayoría1 la continuidad de los bombardeos aéreos y las operaciones militares en Irak, iniciados en setiembre. El miércoles 14, el gobierno envió el portaaviones Charles De Gaulle al Golfo Pérsico.
· Además se ratificaron las intervenciones militares francesas en Siria, Mali y la República Centroafricana.
· Alemania, Gran Bretaña, Bélgica y España también dictaron medidas «antiterroristas»: desde endurecer los protocolos de los servicios de inteligencia, reforzar los operativos policiales y controles fronterizos, escuchas telefónicas y vigilancia de comunicaciones en Internet, hasta el retiro del documento de identidad por tres años.
· El Parlamento de la Unión Europea se apresta a resolver medidas de excepción similares, como la restricción de la libre circulación de personas y el control y bloqueo de páginas en Internet.
· El lunes 18 se reunieron los ministros de Relaciones Exteriores de los países de la UE para coordinar la lucha «antiterrorista». Su primera propuesta es reincluir a Hamas, la organización palestina que gobierna Gaza, en la lista de grupos terroristas.

Un atentado doblemente repudiable

Nuestra primera razón para repudiar de plano el atentado a Charlie Hebdo es que los fanáticos religiosos asesinaron a sangre fría 12 personas, en su mayoría periodistas de esa revista satírica. Nada puede justificar semejante crimen, además cobarde porque los atacantes les dispararon a víctimas cuya única arma era la lapicera. Y aunque sus caricaturas fueran provocativas, defendemos la libertad de prensa y expresión en forma incondicional.
En igual sentido, repudiamos el ataque antisemita al almacén kosher de un suburbio de París en donde otro terrorista asesinó a cuatro clientes judíos -y en donde un joven africano y musulmán salvó a otros al ocultarlos en la cámara frigorífica.
Pero tenemos un segundo motivo de rechazo. Es que, como ya lo ha demostrado de sobra la realidad en todo el mundo, este tipo de atentados terroristas totalmente ajenos al movimiento de masas terminan provocando efectos que van en contra del pueblo trabajador y de las mismas «causas» que sus autores pretenden sostener.
Si los recientes crímenes en Francia buscaban la defensa de Mahoma y del Islam, lo que lograron es justamente lo opuesto: el recrudecimiento de la islamo-fobia y la manipulación política por parte de los gobernantes imperialistas de la Unión Europea no sólo para fortalecer sus intervenciones en Medio Oriente y África, y para endurecer su discriminación y persecución contra los musulmanes e inmigrantes en general, sino también para recortar los derechos democráticos y redoblar los planes de austeridad contra todos los trabajadores, los jóvenes y los sectores populares de sus propios países.
A su vez, el Estado sionista de Israel utiliza el atentado para seguir justificando su política permanente de agresión y genocidio contra el pueblo palestino.
Las consecuencias que detallamos al inicio esta nota, todas ellas negativas, dejan en claro a quiénes beneficia realmente el nefasto atentado contra Charlie Hebdo.

Contra la barbarie imperialista

Varios días después de ocurrido, el atentado se lo autoadjudicó Al Qaeda, la organización terrorista yihadista3 fundada por Bin Laden. Pero resulta que en los años ’80 y ’90 esa misma Al Qaeda fue financiada por la CIA en su enfrentamiento contra las tropas soviéticas en Afganistán.
De igual manera EE.UU. en aquellos años financió y sostuvo al dictador irakí Saddam Hussein, enfrentado a Irán, pero luego en 2003 invadió Irak con la falsa excusa de las armas químicas.
Otra importante organización terrorista yihadista3, desprendida de Al Qaeda y autora de repu-diables matanzas en Siria e Irak es Estado Islámico (ISIS). Su principal sostén económico son Arabia Saudita y algunos emiratos del Golfo, fieles aliados del imperialismo yanqui. La monarquía islámica de Arabia Saudita también banca a los talibanes en Pakistán y Afganistán.
Y todo es así en Medio Oriente y África, zonas muy ricas en petróleo y otros recursos naturales. Por décadas y hasta hoy los imperialistas de EE.UU. y Europa han saqueado esas riquezas y utilizado a un país contra otro, a un grupo armado contra otro, a un sector religioso o étnico contra otro, y causaron guerras, intervenciones de la OTAN y masacres en beneficio de sus propios intereses económicos y políticos.
Es precisamente esa barbarie «civilizada» del Occidente imperialista la que genera el caldo de cultivo para que surjan grupos terroristas de fanáticos ultraislá-micos y también bárbaros, a quienes las grandes potencias respaldan o enfrentan según su conveniencia ocasional. Y eso se da en el contexto de una nueva etapa mundial de crisis y descontrol, con un Medio Oriente donde se diluyen fronteras y hasta se desintegran Estados. No es un «choque de civilizaciones», sino la barbarie del sistema capitalista que engendra otra barbarie y ambas son funcionales ente sí.
En Francia, donde viven casi 6 millones de musulmanes, desde 2004 rige la ley que de hecho les prohíbe a las estudiantes de creencia musulmana ir a la escuela pública con el pañuelo religioso que cubre su cabeza4. ¡Es como si en un país de mayoría protestante se les prohibiera a los católicos llevar crucifijo o a los judíos usar kipá! Como socialistas defendemos la laicidad de todo Estado y rechazamos toda opresión a la mujer -como la que ejercen los talibanes en Afganistán y Pakistán u otros islamistas fanáticos-, pero denunciamos que esa ley francesa es discriminatoria, estigmatizante e islamófoba.
En esa misma Francia se persigue y expulsa también a gitanos y otros inmigran-tes, hay 6 millones de desocupados, 2 millones de personas en emergencia habitacional y 130.000 que viven en la calle. Y el gobierno aplica ajustes, división y discriminación en nombre de la «unidad nacional» y «los valores de la república»…
Por toda esta barbarie e hipocresía política imperialista es que rechazamos la marcha que días atrás en París, haciendo una utilización reaccionaria del atentado a Charlie Hebdo, encabezaron Hollande, la alemana Ángela Merkel, el genocida israelí Netanyahu y otros dirigentes de similar calaña.

¿Cuál es la salida?

El desafío de lograr una salida pacífica y al servicio de los pueblos no es fácil ni mucho menos. Para ello, la primera tarea ineludible es frenar y derrotar todas las agresiones militares del imperialismo en Medio Oriente, África y otras naciones. Sólo así habrá condiciones para dar batalla política contra las conducciones yihadistas.
En Francia y los demás países imperialistas, esta tarea incluye exigir el retiro de las tropas enviadas y la derogación de todas las leyes antiinmigrantes e islamófobas, y se combina con enfrentar los planes de austeridad de la Unión Europea y plantear la ruptura con ésta. En el marco de una Europa polarizada, los ejemplos alentadores de Syriza en Grecia y Podemos en España confirman que es posible construir fuertes alternativas políticas de izquierda, amplias y unitarias, capaces de disputar el gobierno.
En el caso de los pueblos agredidos, la lucha antiimperialista es primordial y a la vez también se entrelaza con la pelea por reemplazar a las monarquías, dictaduras y regímenes teocráticos reaccionarios por repúblicas democráticas y laicas, en donde puedan convivir en paz los distintos pueblos y religiones, para avanzar al socialismo.

                             Pablo Vasco

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